MIENTRAS MAS SE ACERCABAN LOS CINCUENTA…
Por:Berta Gershkowitz
Mientras más se acercaban los cincuenta, en
bajada y sin frenos, como dice mi amigo Gustavo, me preguntaba como iría a
festejarlo. Rumba con mi amigos, comida con la familia, viaje con mi esposo, comida de shabat... Nada
me sonaba interesante o apropiado. Por algún motivo son los cincuenta específicamente el momento cuando el consabido que-quiero-hacer-en-mi-vida se
empieza a voltear poco a poco y sin darnos pre-aviso, nos vemos cuestionando…
¿¿qué he hecho yo con mi vida??
Mi cuñada, hacia solo un par de años, había
participado en una carrera en bicicleta en Israel para celebrar sus cincuenta.
¿Pero qué diablos sería yo capaz de hacer? Nunca he sido muy atlética, había
tenido cirugía de la espalda hacía varios años, tomaba pastillas para la
presión, tenía problemas con una rodilla, mi estado anímico era un poco
resbaloso tras haber perdido en cuestión de 8 años a mi hijo de catorce y a mis
padres (Z”L), y por si fuera poco, cargaba con un sobrepeso importante. Sin
embargo, hacia unos tres años, había comenzado a nadar regularmente, tres veces
por semana. Sería posible que…
Una mañana, después de darle numerosas vueltas
al asunto, consulté tímidamente con mi entrenador Evaristo, convencida de que
solo formular la pregunta era tremenda osadía. De antemano le advertí que si él
pensaba que era una locura, que por favor fuera sincero conmigo. Para mi
sorpresa, Evaristo me respondió sin ningún titubeo, que claro que era factible.
“Con disciplina y constancia todo es posible”, me dijo. Enseguida comenzamos a
averiguar tiempos de distintas competencias master y encontramos una que
consideramos apropiada. Vale aclarar que mi “fuerte” , por no decir mi menor debilidad,
parecía ser en distancia más que en velocidad. Ni hablar del pánico que sentía
con la sola idea de tirarme de cabeza y dar la vuelta al final del retorno de
la piscina. Era una competencia de tres kilómetros en aguas abiertas, en el
Fina World Masters Swimming, que ese año se llevaría a cabo en un lago en
Suecia.
Tengo que decir que desde el momento que tomé
la decisión y lo compartí con mi familia, algo en mi cambió. Una fuerza
interna, una disciplina que hasta ahora había sido solo una cualidad de admirar
en otros, se apodero de mí. Era un reto que nunca antes había intentado y tenía
más o menos un año para prepararme. Como dicen los gringos… algo totalmente
fuera de mi “comfort zone”. Empezó una rutina de entrenamientos dentro y fuera
de la piscina, utilizando casi por completo mí tiempo libre fuera del trabajo.
Ciento veinte piscinas era la dosis diaria durante un tiempo. Como decía don
León cuando venia al club: “Yo le doy varias vueltas caminando a la cancha de
fútbol, y tu nadando, voy al sauna y a
la piscina, y tu nadando, entro y salgo de masaje, y tu, todavía nadando!”
En retrospectiva me doy cuenta que trabajar con una meta específica en mente, sumado al hecho de que mi entrenador tomo muy en serio el reto, y finalmente el soporte de mi familia -- aunque me miraban como si estuviera un poco loca –era todo lo que necesitaba. Le pedí a mi hijo mayor, que había sido nadador en su niñez, que me acompañara nadando. La competencia era para personas de 25 años para arriba (sin límite superior) y Elliot cumplía precisamente los 25 ese año. El aceptó sin pensarlo mucho y no me volvió a hablar del tema hasta que se acercó la competencia, cuando me informo que la temperatura del agua en el lago en Suecia, en el mes de agosto,sería de 18 grados centígrados. No le paré mucha bola al asunto, sin saber que ese sería el problema mayor que enfrentaría el día de la competencia. Nunca más me volvería a quejar del agua de la piscina del club en diciembre! Ahora el agua siempre me parecería calientica sin importar que tanta brisa hiciera en Barranquilla!
Al mismo tiempo que entrenaba, investigaba en
el Internet las diferencias entre nadar en piscina y nadar en aguas abiertas.
Las líneas de demarcación de la piscina son una bendición. Cuando se nada en
aguas abiertas no hay nada que indique el camino a seguir; cuando se levanta la
cabeza mirando hacia adelante, después de varias brazadas, se da uno cuenta que
ha nadado en la dirección incorrecta y ha perdido un tiempo invaluable. Solo se
ve el fondo negro del lago, que por cierto me recordaba la posibilidad de
toparme con algún monstruo mitológico,
de esos que supuestamente viven en las lagunas de los países escandinavos y que
mis hijos se deleitaban en recordarme. La tranquilidad de las aguas de la
piscina son lujos impensables en las aguas abiertas expuestas a vientos de todo
tipo, y ni hablar de las patadas y codazos que recibes de los cincuenta
contrincantes que arrancan la competencia abriéndose paso a toda costa. Pero el
frio…
El frio es algo que nunca antes había
experimentado en mis cálidas tierras del trópico. El frio me congelo los pies
haciendo difícil el pataleo. El frio me entumeció las manos hasta el punto de
no sentir los dedos. El frio me hizo temblar de pies a cabeza sin poderlo
controlar. Pero lo peor de todo era que el frio no me dejaba exhalar cuando
metía la cabeza al agua! Todo lo contrario. Me hacía inhalar como cuando uno se
mete a una ducha helada e inhala fuertemente al contacto con la piel. Pareciera
que los pulmones se cerraran involuntariamente. Sabía que estaba en problemas.
Sabía que la base de la natación es la respiración -- Si sabes respirar puedes
nadar, si no, ni modo. Y todo lo que había practicado de repente en un instante
no lo pude utilizar. Tenía que tomar alguna decisión.
Cuando llegamos a Suecia en compañía de mi
esposo y mis dos hijos, me enteré que Elliot no estaría nadando a mi lado. Se
dividían en grupos por edades. Elliot nadaría con los de 25, yo con los de 50.
No tendría el confort de saber que el nadaría a mi lado. Más aun, Elliot nadaría y regresaría antes de
que yo saliera! Elliot termino su competencia en 55 minutos y su expresión al
salir del lago en la recta final de la competencia, no podía esconder su preocupación por mi próxima
salida. Sin embargo, se sentaron los tres placenteramente en la gran extensión
de grama verde que cubría la ladera del
lago, junto con los otros 5000 espectadores y acompañantes. Luego me contarían
lo preocupados que estaban en ese momento por mi seguridad.
Durante la espera de nuestra salida, conocí a
varias nadadoras de distintas partes del mundo: Rusia, Brasil, Francia… y todas
hablaban de la competencia del año anterior en Australia. ¡Por lo menos la preocupación por los
tiburones australianos no me atormentaría en esta competencia! Necesitaba
conocer a alguna que fuera primípara como yo, pero no la encontré. Mi ansiedad
se incrementaba al oírlas hablar. Nos llamaron para iniciar y la rusa me dio
unas recomendaciones de como colocarme hacia las esquinas para que no me
patearan tanto. Apenas toqué el agua
sentí que el frio helado se apoderaba de mí y un pánico irradió mis entrañas.
Mi mente corría a una velocidad impresionante mientras que mis piernas y brazos
luchaban para que no perdiera la sensación. No podía patear como había pateado
miles de veces, los brazos no me respondían para comenzar su intermitente
movimiento que tanto había practicado y los pulmones paralizados ante el
contacto con el elido aire que comenzaba a ingresar en sus aposentos. Estaba en
graves problemas. Una nadadora de Canadá
me había comentado el día antes, que si uno nadaba el primer kilómetro,
probablemente ya no se devolvería. Durante las primeras brazadas que logre
efectuar, este pensamiento fue apoderándose de mí. Solo necesitaba completar el
primer kilómetro. Me concentre en la belleza del entorno y así se calmó un poco
mi mente. Era un lago precioso y gigantesco con numerosos árboles a su
alrededor, y pequeñas islas en su interior;
y decidí en ese momento gozarme la experiencia pasara lo que pasara.
Dentro de las técnicas usadas para poder nadar
en la dirección correcta es elegir un punto de referencia en el horizonte.
Divisé a lo lejos, en la otra orilla, un enorme árbol de flores blancas que
sobresalía de los demás. Ese árbol seria mi guía por los próximos 3 kilómetros.
En varias ocasiones me salí del curso ya que es difícil nadar mirando hacia
adelante -- lo normal es nadar mirando hacia los lados --, y al buscar mi
preciado árbol, lo encontraba hacia la izquierda o hacia la derecha del curso
correcto. ¡Perdía preciado tiempo! En varias ocasiones me choqué con una gran boya que delimitaba el
camino y esto hacía que me sobresaltara y me desorientara ya que me tapaba la
vista. Primero vi como la mayor parte de mi grupo me dejo atrás. Era desolador
verme nadando prácticamente sola. ¡Pero fue peor aun cuando me alcanzaron y me
pasaron los del grupo posterior! ¡Los de 55 y 60 años!!! Sabía que tenía una
hora y media para terminar la competencia, pasado este tiempo me recogerían en
un barquito y me llevarían a la orilla. No podía dejar que eso pasara. Sabía
que en esa orilla estaban esperándome mis tres guapos, y no soportaría la
humillación. En la adorada y calientica piscina del club, me hacia los tres
kilómetros en hora y 10. Tenía que encontrar la forma de seguir y terminar. Era
una carrera contra reloj…. y contra el frio!
Recordé que en mis prácticas, había momentos en que el movimiento repetitivo, brazada tras brazada, al mismo ritmo, y la respiración intermitente y suave, me daba una sensación de paz y un estado que me imagino debe ser similar a la meditación. Cuando las fuerzas se fueron acabando y el esfuerzo me parecía insoportable, decidí buscar este estado zen. Sabía que para lograrlo necesitaría bajar un poco el ritmo. Pero era la única forma. Comencé a enfocar mi mente en la respiración. Me olvidé del monstruo de la laguna, del árbol que me decía por dónde seguir, del barquito que merodeaba los alrededores listo para recogerme, y hasta de mis tres acompañantes que me estaban esperando ansiosamente! Poco a poco la tabla que demarcaba el final se fue transformado de una diminuta estampilla postal a un recuadro gigantesco con dos manos pintadas, las cuales, al yo tocar, debían presentar la fiel prueba de mi hazaña. Lo estaba logrando. No sabía cuánto tiempo me quedaba pero sabía que estaba cerca. Finalmente llegaría con solo unos minutos de sobra, completando mi carrera en una hora 25 min.
Mi salida del lago fue casi tan difícil como la
nadada. Estaba mareada y congelada, mi piel roja y deshidratada y mis músculos
absolutamente engarrotados. Nos esperaba una mano amiga con un banano y un
delicioso vaso de té CALIENTE! Poco a
poco la temperatura de mi cuerpo volvió a la normalidad y los electrolitos se apiadaron de mí
detuviendo la tembladera. No recuerdo bien mi encuentro con mis hijos y mi
esposo, solo que me tendieron una toalla y me arroparon. Lo que si recuerdo es
su expresión de alivio al ver que el monstruo de la laguna no se había
deleitado con un suculento plato Colombiano.
Berta Gershkowitz
Septiembre
10 de 2012
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De la perfección a la excelencia
Entrevista al Dr. Jim Taylor, especialista en Psicología del deporte , Miami
Por Stephanie Dargoltz
Cuando la presión por alcanzar la perfección y el éxito se transforma en prioridad, los jóvenes atletas pierden la oportunidad de divertirse y crecer a través del deporte.
El Dr. Jim Taylor es reconocido internacionalmente como una autoridad en Psicología del Deporte y en la orientación a padres. Debido a su extensa experiencia en este campo, Letra Urbana conversó con él para conocer sus opiniones sobre la cultura del deporte en la actualidad.El lugar que tiene hoy el desarrollo deportivo abre importantes posibilidades a diferentes niveles, trayendo consigo fuertes demandas y presiones sobre los jóvenes atletas y los deportistas profesionales. Los efectos de estas exigencias son preocupantes y obligan a tomar consciencia de los ideales sociales que generan aspiraciones de perfeccionismo, que resultan dañinas para nuestros atletas.
Además de ser un experto en su campo, el Dr. Taylor ha participado en competencias internacionales de esquí alpino, es 2º cinturón negro e instructor certificado de karate, maratonista y ironman triathlete (triatlonista de larga distancia), la prueba más exigente del triatlón.
Los atletas jóvenes empiezan compitiendo por amor a su deporte, por diversión, y para alcanzar sus objetivos. Pero, en algún momento, sus motivaciones son secuestradas y es aquí donde entra la presión debilitante.
En su ámbito profesional ha sido consultor de los equipos de esquí de
los Estados Unidos y Japón, de la Asociación Americana de Tenis y del
USA Triatlón. Trabajó con destacados atletas de diferentes continentes
en tenis, esquí, ciclismo, triatlón, natación, futbol, golf, baseboll,
entre otros deportes. Fue invitado a dictar conferencias para el Comité
Olímpico de España, Francia, Polonia y los Estados Unidos y es
permanentemente consultado por los departamentos de deportes de un
impresionante número de universidades. Es autor de 14 libros de su
especialidad y, actualmente se desempeña como Profesor Adjunto en la
Universidad de San Francisco y en el Wright Institute, en Berkeley.
En base a su experiencia con atletas de todos los niveles, incluyendo los olímpicos, ¿cuál es el ideal de perfeccionismo en el mundo del deporte y, cuáles son las exigencias a las que los atletas se someten hoy?
En realidad, no soy un fanático de la búsqueda de la perfección, y la mayoría de los atletas de alto rendimiento con los que trabajo encuentran que, tratar de alcanzar la perfección, en realidad interfiere para lograr su mejor desempeño. Desde afuera podría parecer que estos atletas se acercan a la perfección, pero, en realidad, incluso las actuaciones que les han permitido ganar medallas de oro, están plagadas de errores, algunos pequeños, otros flagrantes.
Esforzarse por la perfección establece un estándar imposible y una presión para alcanzar ese estándar irrealista. Los perfeccionistas llegan a temer los errores y el fracaso, pues les muestran que no son perfectos y que a pesar de los éxitos que pudieran alcanzar, son un fracaso.
Mi objetivo es ayudar a los atletas a cambiar sus metas de la perfección, a la excelencia. La excelencia toma los aspectos positivos de la perfección, es decir, estándares muy altos, pero elimina los negativos, como el miedo al fracaso y a los errores. La búsqueda de la excelencia libera a los atletas del miedo, lo que les permite tener su mejor desempeño cuando más cuenta.
¿Hay alguna diferencia entre la presión interiorizada y la presión externa ejercida sobre atletas jóvenes, que pudieran jugar a nivel profesional en el futuro cercano? Si es así, ¿cuál diría que provoca más angustia?
¿Cuál es el momento óptimo para que un padre o un entrenador comience a plantearles y explorar con ellos la idea de una potencial carrera deportiva profesional, de manera que lo haga sin presionarles para elegir este camino?
¡Nunca! Está bien que los niños tengan y hablen de grandes sueños, por ejemplo, del deporte profesional, las Olimpiadas, pero los padres no deben hablar de ello nunca. En primer lugar, las posibilidades de que un joven atleta alcance tales alturas es infinitesimal. Aproximadamente 6 de cada 1.000.000 de atletas de la escuela secundaria llegan a ese nivel. En segundo lugar, cuando los padres les hablan de esto, los chicos pueden percibirlo como expectativas, lo que crea presión y perjudica el goce y el rendimiento. Los padres y los entrenadores deben centrarse en el proceso, por ejemplo, el desarrollo técnico y físico, y en la diversión.
¿Qué le enseñó la experiencia acerca de los atletas que comienzan su carrera profesional en un deporte individual en lugar de un deporte de equipo? ¿Cómo deben manejarse estas demandas y presiones en forma independiente?
Intentar llegar a la cima en un deporte individual o de equipo es muy difícil. Los deportes individuales me parecen más exigentes en algunos aspectos pero menos en otros. En los deportes individuales, como el tenis, el golf o la natación, los chicos están ahí solos. Los resultados que alcancen, ya sean éxitos o fracasos, son exclusivamente su responsabilidad; todo el crédito de sus victorias les pertenece, y deben asumir totalmente el compromiso por sus derrotas. Sin duda, las exigencias y las presiones son mayores.
Los deportes de equipo, como el fútbol, el béisbol, softbol o voleibol, permiten a los atletas jóvenes compartir parte de la responsabilidad, de manera que las victorias son un esfuerzo colectivo y la responsabilidad de las derrotas debe ser compartida y, como consecuencia, tal vez resulte menos dolorosa. Por lo general hay menos presión en cualquier miembro del equipo. Los deportes de equipo, sin embargo, tienen la complicación adicional de tener que lidiar con los compañeros de equipo. En un deporte de equipo, los atletas jóvenes deben competir por su posición y puede haber conflictos. La conclusión es que ambos tipos de deportes presentan desafíos únicos, y tienen sus ventajas y desventajas.
Vimos los desafíos de los deportes de equipo, por ejemplo, en la Copa Mundial de Fútbol (soccer, para los estadounidenses) que se acaba de realizar en Brasil. Jugar para tu país puede ser una fuente de gran orgullo e inspiración al cargar el peso de las expectativas de toda una nación. Para los brasileños, la presión de competir en su propia casa debió ser inmensa.
¿Cuál es su opinión con respecto a la duración del juego en ciertos deportes que pueden extenderse por largas horas? ¿El tiempo de juego influye exigiendo al cuerpo más allá de los límites naturales y llevando al agotamiento mental? Si dependiera de usted, ¿hay algo que considere que podría cambiarse para beneficiar la salud de los atletas a largo plazo?
Hay muchos deportes que siguen las reglas de los adultos, como la duración del juego, que deberían adaptarse para atletas más jóvenes. No hay duda de que los juegos que se prolongan demasiado tiempo aumentan el riesgo de lesiones debido a la fatiga. También pueden conducir al desgaste físico y mental, dejando de ser divertidos para los jóvenes, que terminan por abandonar el deporte.
Creo que cada deporte debe considerar hacer los ajustes necesarios en el mejor interés de los jóvenes atletas, por ejemplo: porterías de fútbol más pequeñas, partidos de fútbol y hockey más cortos, mejores equipos de seguridad, y menos contacto. El objetivo debe ser proteger la salud de los atletas jóvenes para asegurar que puedan disfrutar del deporte durante muchos años por venir.
Las lesiones cerebrales traumáticas y neuroencefalopatías en la NFL (National Football League – en español: Liga Nacional de Fútbol Americano) se han vuelto un tema de actualidad. ¿Qué opina sobre ello?
Para los atletas jóvenes, la protección temprana es un imperativo moral. En los deportes profesionales, donde hay dinero de por medio, es probable que las personas que manejan estos deportes tomen decisiones que favorezcan a las ligas, no a los jugadores, así que son los mismos jugadores y sus sindicatos quienes deben manifestarse para asegurar que la seguridad sea una prioridad.
¿Qué consejo le daría a un atleta joven, entre los 10 y 17 años, con respecto a una carrera deportiva, y cuál a un atleta universitario que entra al nivel profesional?
A los atletas jóvenes, que luchen por alcanzar sus sueños, pero que sean realistas; una carrera deportiva no es muy factible y no dura mucho, una carrera típica en la NFL, NHL, NBA, MLB dura sólo unos 3 o 4 años. Que se enfoquen en la diversión y, si vienen los resultados, que sean el broche de oro.
A los atletas universitarios, que completen su educación, porque las carreras profesionales son cortas y las lesiones pueden volverlas todavía más cortas.
¿Diría usted que la psicología del deporte se está imponiendo? ¿A través de qué medios ha ocurrido esto, y qué más queda por hacer para que los entrenadores, equipos y atletas recurran a la psicología del deporte o a los servicios de orientación deportiva?
No hay duda de que la psicología del deporte se está volviendo más popular a medida que atletas, entrenadores, padres y equipos reconocen que la parte mental del deporte es una pieza esencial del rompecabezas del éxito. La psicología del deporte puede crecer si todos los involucrados en el deporte pueden aprender más acerca de su valor, si pueden tener experiencias positivas con esta disciplina y si se vuelve más disponible y económicamente accesible a más personas. Además, si la psicología del deporte puede demostrar que no está dirigida sólo al éxito deportivo, sino que también puede enseñar habilidades básicas de vida que pueden beneficiar a los niños en la escuela y su futuro profesional, más gente va a ver lo importante que puede ser.
Sitio web del Dr. Taylor
Traducción del inglés: Clarita Spitz

En base a su experiencia con atletas de todos los niveles, incluyendo los olímpicos, ¿cuál es el ideal de perfeccionismo en el mundo del deporte y, cuáles son las exigencias a las que los atletas se someten hoy?
En realidad, no soy un fanático de la búsqueda de la perfección, y la mayoría de los atletas de alto rendimiento con los que trabajo encuentran que, tratar de alcanzar la perfección, en realidad interfiere para lograr su mejor desempeño. Desde afuera podría parecer que estos atletas se acercan a la perfección, pero, en realidad, incluso las actuaciones que les han permitido ganar medallas de oro, están plagadas de errores, algunos pequeños, otros flagrantes.
Esforzarse por la perfección establece un estándar imposible y una presión para alcanzar ese estándar irrealista. Los perfeccionistas llegan a temer los errores y el fracaso, pues les muestran que no son perfectos y que a pesar de los éxitos que pudieran alcanzar, son un fracaso.
Mi objetivo es ayudar a los atletas a cambiar sus metas de la perfección, a la excelencia. La excelencia toma los aspectos positivos de la perfección, es decir, estándares muy altos, pero elimina los negativos, como el miedo al fracaso y a los errores. La búsqueda de la excelencia libera a los atletas del miedo, lo que les permite tener su mejor desempeño cuando más cuenta.
¿Hay alguna diferencia entre la presión interiorizada y la presión externa ejercida sobre atletas jóvenes, que pudieran jugar a nivel profesional en el futuro cercano? Si es así, ¿cuál diría que provoca más angustia?
Los padres y los entrenadores deben centrarse en el proceso, por ejemplo, el desarrollo técnico y físico, y en la diversión.Desde mi punto de vista, toda la presión interna llega desde afuera, por lo general de los padres, entrenadores y los medios de comunicación. Los atletas jóvenes empiezan compitiendo por amor a su deporte, por diversión, y para alcanzar sus objetivos. Pero, en algún momento, sus motivaciones son secuestradas y es aquí donde entra la presión debilitante. Es entonces que cambian su enfoque de tener un buen desempeño y divertirse, a llenar expectativas y la necesidad de obtener resultados. Este es un “beso de la muerte”, tanto para el disfrute y, en última instancia, para el rendimiento, porque esta presión se convierte en un peso metafórico sobre sus hombros que hace que los atletas se desmoronen en las grandes competencias.
¿Cuál es el momento óptimo para que un padre o un entrenador comience a plantearles y explorar con ellos la idea de una potencial carrera deportiva profesional, de manera que lo haga sin presionarles para elegir este camino?
¡Nunca! Está bien que los niños tengan y hablen de grandes sueños, por ejemplo, del deporte profesional, las Olimpiadas, pero los padres no deben hablar de ello nunca. En primer lugar, las posibilidades de que un joven atleta alcance tales alturas es infinitesimal. Aproximadamente 6 de cada 1.000.000 de atletas de la escuela secundaria llegan a ese nivel. En segundo lugar, cuando los padres les hablan de esto, los chicos pueden percibirlo como expectativas, lo que crea presión y perjudica el goce y el rendimiento. Los padres y los entrenadores deben centrarse en el proceso, por ejemplo, el desarrollo técnico y físico, y en la diversión.
¿Qué le enseñó la experiencia acerca de los atletas que comienzan su carrera profesional en un deporte individual en lugar de un deporte de equipo? ¿Cómo deben manejarse estas demandas y presiones en forma independiente?
Intentar llegar a la cima en un deporte individual o de equipo es muy difícil. Los deportes individuales me parecen más exigentes en algunos aspectos pero menos en otros. En los deportes individuales, como el tenis, el golf o la natación, los chicos están ahí solos. Los resultados que alcancen, ya sean éxitos o fracasos, son exclusivamente su responsabilidad; todo el crédito de sus victorias les pertenece, y deben asumir totalmente el compromiso por sus derrotas. Sin duda, las exigencias y las presiones son mayores.
Los deportes de equipo, como el fútbol, el béisbol, softbol o voleibol, permiten a los atletas jóvenes compartir parte de la responsabilidad, de manera que las victorias son un esfuerzo colectivo y la responsabilidad de las derrotas debe ser compartida y, como consecuencia, tal vez resulte menos dolorosa. Por lo general hay menos presión en cualquier miembro del equipo. Los deportes de equipo, sin embargo, tienen la complicación adicional de tener que lidiar con los compañeros de equipo. En un deporte de equipo, los atletas jóvenes deben competir por su posición y puede haber conflictos. La conclusión es que ambos tipos de deportes presentan desafíos únicos, y tienen sus ventajas y desventajas.
los juegos que se prolongan demasiado tiempo aumentan el riesgo de lesiones debido a la fatiga. También pueden conducir al desgaste físico y mental, dejando de ser divertidos para los jóvenes, que terminan por abandonar el deporte.
Vimos los desafíos de los deportes de equipo, por ejemplo, en la Copa Mundial de Fútbol (soccer, para los estadounidenses) que se acaba de realizar en Brasil. Jugar para tu país puede ser una fuente de gran orgullo e inspiración al cargar el peso de las expectativas de toda una nación. Para los brasileños, la presión de competir en su propia casa debió ser inmensa.
¿Cuál es su opinión con respecto a la duración del juego en ciertos deportes que pueden extenderse por largas horas? ¿El tiempo de juego influye exigiendo al cuerpo más allá de los límites naturales y llevando al agotamiento mental? Si dependiera de usted, ¿hay algo que considere que podría cambiarse para beneficiar la salud de los atletas a largo plazo?
Hay muchos deportes que siguen las reglas de los adultos, como la duración del juego, que deberían adaptarse para atletas más jóvenes. No hay duda de que los juegos que se prolongan demasiado tiempo aumentan el riesgo de lesiones debido a la fatiga. También pueden conducir al desgaste físico y mental, dejando de ser divertidos para los jóvenes, que terminan por abandonar el deporte.
Creo que cada deporte debe considerar hacer los ajustes necesarios en el mejor interés de los jóvenes atletas, por ejemplo: porterías de fútbol más pequeñas, partidos de fútbol y hockey más cortos, mejores equipos de seguridad, y menos contacto. El objetivo debe ser proteger la salud de los atletas jóvenes para asegurar que puedan disfrutar del deporte durante muchos años por venir.
Las lesiones cerebrales traumáticas y neuroencefalopatías en la NFL (National Football League – en español: Liga Nacional de Fútbol Americano) se han vuelto un tema de actualidad. ¿Qué opina sobre ello?
Los atletas jóvenes, que luchen por alcanzar sus sueños, pero que sean realistas; una carrera deportiva no es muy factible y no dura muchoHay evidencias claras de que las lesiones en la cabeza en los deportes profesionales son un verdadero problema que debe ser abordado. El problema también es evidente a temprana edad, ya que las conmociones cerebrales en los niños pueden tener efectos dramáticos en el futuro. El fútbol americano, fútbol, boxeo, artes marciales y lacrosse, son algunos de los deportes de mayor riesgo.
Para los atletas jóvenes, la protección temprana es un imperativo moral. En los deportes profesionales, donde hay dinero de por medio, es probable que las personas que manejan estos deportes tomen decisiones que favorezcan a las ligas, no a los jugadores, así que son los mismos jugadores y sus sindicatos quienes deben manifestarse para asegurar que la seguridad sea una prioridad.
¿Qué consejo le daría a un atleta joven, entre los 10 y 17 años, con respecto a una carrera deportiva, y cuál a un atleta universitario que entra al nivel profesional?
A los atletas jóvenes, que luchen por alcanzar sus sueños, pero que sean realistas; una carrera deportiva no es muy factible y no dura mucho, una carrera típica en la NFL, NHL, NBA, MLB dura sólo unos 3 o 4 años. Que se enfoquen en la diversión y, si vienen los resultados, que sean el broche de oro.
la psicología del deporte se está volviendo más popular a medida que atletas, entrenadores, padres y equipos reconocen que la parte mental del deporte es una pieza esencial del rompecabezas del éxito.
A los atletas universitarios, que completen su educación, porque las carreras profesionales son cortas y las lesiones pueden volverlas todavía más cortas.
¿Diría usted que la psicología del deporte se está imponiendo? ¿A través de qué medios ha ocurrido esto, y qué más queda por hacer para que los entrenadores, equipos y atletas recurran a la psicología del deporte o a los servicios de orientación deportiva?
No hay duda de que la psicología del deporte se está volviendo más popular a medida que atletas, entrenadores, padres y equipos reconocen que la parte mental del deporte es una pieza esencial del rompecabezas del éxito. La psicología del deporte puede crecer si todos los involucrados en el deporte pueden aprender más acerca de su valor, si pueden tener experiencias positivas con esta disciplina y si se vuelve más disponible y económicamente accesible a más personas. Además, si la psicología del deporte puede demostrar que no está dirigida sólo al éxito deportivo, sino que también puede enseñar habilidades básicas de vida que pueden beneficiar a los niños en la escuela y su futuro profesional, más gente va a ver lo importante que puede ser.
Sitio web del Dr. Taylor
Traducción del inglés: Clarita Spitz
Artículo por:
Stephanie Dargoltz
Stephanie Dargoltz, M.S.Ed., psicoterapeuta bilingüe que desarrolla su práctica privada en el Sur de la Florida, USA. Obtuvo un certificado de post grado en Clinical Sports Counseling. Se dedica a los atletas que pasan por situaciones de ansiedad para alcanzar un buen rendimiento y atiende el todo el rango de dificultades clínicas que usualmente afecta a esta población. Stephanie contribuyó con sus aportes a varios libros de orientación a padres. Es invitada a dar conferencias en su comunidad y escribe frecuentemente en el blog de la American Counseling Association
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Ironkid | 200 - 500 m | 5-15 km | 1-5 km | Las distancias varían por las edades de los participantes. |
Novice (Australia) | 300 m | 8 km | 2 km | Las distancias varían, pero se trata de una distancia para principiantes en Australia. |
Super Sprint | 400 m (0.25 mi) |
10 km (6.2 mi) |
2.5 km (1.5 mi) |
Las distancias varían , pero están bajo la categoría de super Sprint. |
Sprint | 750 m (0.5 mi) |
20 km (12.5 mi) |
5 km (3.1 mi) |
Los 500 m de nado son también comunes. Esta distancia está en rápido crecimiento en participantes en diferentes países. |
Olímpica | 1.5 km (0.94 mi) |
40 km (25.0 mi) |
10 km (6.25 mi) |
También conocida como international distance, standard course o short course. |
ITU-Larga Distancia | 4.0 km (1.86 mi) |
120 km (49.6 mi) |
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. |
Half | 1.9 km (1.2 mi) |
90 km (56 mi) |
21.09 km (13.1 mi) |
También llamada media distancia o "medio ironman" o Ironman 70.3. |
Triathlon one 0 one | 3.0 km (1.86 mi) |
130 km (80.6 mi) |
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Distancia creada y terminada en el 2007. |
Larga Distancia | 3.8 km (2.4 mi) |
180 km (112 mi) |
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También conocida como Ironman. |
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